Una mañana como otra cualquiera me levanté de la cama, gracias al sol, porque me hubiera tirado todo el día durmiendo ya que no había otra cosa más interesante que hacer .. bajé las escaleras y fui a la cocina, le di un beso a mamá y me agaché para saludar a Gus, el perro de la familia. Fui corriendo hacia la puerta de entrada y salí directa hacia el buzón, sabía que hoy tenía que haber una carta, hacía casi un año que no sabía nada de él, y tampoco él parecía querer saber nada de mi después de todo aquel verano inolvidable que pasamos.
¿Para mi sorpresa? No había una, si no trescientas sesenta y cinco, una por cada día del año en el que le había echado de menos; parecían desgastadas y no pude evitar llorar. ¿Por qué ahora me llegaban tantas cartas? ¿qué pasa, que no había tenido tiempo de escribirme y ahora lo hacía deprisa y corriendo? Las cogí, estaban sujetas por una cinta y mi madre me vio llorando: me sujetó del brazo y me dijo:
-Estos días te he visto especialmente triste, te dije que ese chico no te convenia, así que guardé cada carta que te escribía, cada día del año.
-¿Qué?
-Sí hija, lo siento, pensaba que ese chico sólo había sido un amor de verano para ti, y ... no tiene un buen trabajo, tú eres una chica con estudios, vas a entrar a la Universidad y no vas a estar manteniéndole toda tu vida.
Automáticamente cogí el coche y fui a la ciudad en dónde vivía, no me acordaba muy bien, pero esas noches fueron inolvidables así que con un poco de orientación lo conseguiría. No fui a verle antes porque pensaba que no me quería y que yo no había sido nada para él.
Carretera B-21. Todo recto. Izquierda. Dentro del barrio. Cuatro manzanas más abajo. Listo.
Salí del coche con las cartas en la mano y toqué al timbre, ''ding-dong''.
-¿Si? - me contestó.
-¡Ábreme!
-¿Qué quieres? No me has escrito, pensé que pasabas de mi
-¡Te escribí una carta por cada día del año! Mi madre no las mandó.
Abrió la puerta.
-Te había echado tanto de menos.